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Hay muchas razones para emprender un proceso de coaching personal o profesional, comúnmente existe en la persona una diferencia, una incomodidad entre lo que se quiere y lo que se tiene.

Lo que para una persona es una pequeña dificultad, para otra es un trastorno.

El ritmo, el límite y el grado de tolerancia son diferentes en cada uno de nosotros, desde personas que se sienten incómodas por una pequeña contrariedad y ponen remedio de inmediato, hasta personas capaces de “aguantar” hasta que el vaso rebosa de agua para decidirse a actuar.
Dos ranas.
Una recorre saltando un profundo surco dejado por el tractor.
La otra, la ve allá abajo y le grita:
– ¡Eh!, ¿qué estás haciendo ahí abajo? Aquí arriba se está mucho mejor, hay más comida.

– No puedo subir.
– Déjame ayudarte.
– No. Déjame en paz. Aquí estoy bien y también hay comida.
– De acuerdo. Pero aquí arriba hay mucho más espacio para explorar y moverse.
– Aquí abajo tengo todo el espacio que necesito.
– ¿Y qué me dices de relacionarte con otras ranas?
– De vez en cuando baja alguna hasta aquí, y si no, puedo gritarles a mis amigas de ahí arriba.

Finalmente, la rana de arriba abandona su empeño y se va dando brincos.
Al día siguiente, ante su sorpresa, se encuentra con la rana de abajo saltando a su lado.

– ¡Oye! Creí que ibas a quedarte en ese surco. ¿qué ha pasado?
– ¡Qué venia un camión!

Saludos.

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