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De-la-emoción-al-estado-de-ánimo-e1418899395252Una emoción es una alteración intensa y momentánea del ánimo ya sea por una percepción real (a través de los cinco sentidos) o imaginaria. La emoción nos impacta en menos de un segundo.

Todos tenemos emociones, nadie se escapa de ellas. Aunque existen diversas teorías sobre la cantidad de emociones que podemos tener,
las  emociones básicas y primarias, las que nos vienen de fábrica son cuatro, alegría, ira, miedo y tristeza. Posteriormente se han etiquetado como emociones, la sorpresa, el asco, la vergüenza, la envidia… consecuentes de las primarias.

Aunque a veces no nos lo parezca no existen emociones negativas ni positivas, todas nos aportan información importante para nosotros, eso sí, unas son más agradables que otras. Tampoco podemos olvidar que una misma experiencia puede ser más o menos traumática dependiendo de cada persona.

Cada persona es única e irrepetible.

¿Cómo una emoción se transforma en estado de ánimo? 

Cuando una emoción nos impacta la reconocemos por el “dolor”, por la sensación y ésta nos ayuda a reconocer en cuál de ellas nos encontramos. La sensación es la percepción consciente de ese impacto emocional en nuestro cuerpo, es la atención a lo que nos ha impactado y depende de la sensibilidad de cada uno (Ser insensible es la ausencia de sensaciones), depende del “darse cuenta”.

El sentimiento es la “etiqueta” de la sensación. Al poner en marcha nuestro pensamiento “etiquetamos”, le ponemos nombre a esa interpretación mental de la sensación. Según Antonio Damasio el sentimiento es la evaluación consciente que hacemos de nuestro estado corporal durante una respuesta emocional. Lo que constituye un sentimiento es el estímulo o impacto recibido, la reacción en el cuerpo de ese estímulo y las ideas que acompañan esa reacción.

A partir de este momento nosotros somos los responsables de la respuesta que vamos a dar, podemos extinguir, mantener o amplificar el sentimiento generado, podemos gestionar las emociones reconociéndolas primero al contrario de controlarlas. Si no las gestionamos generamos cargas emocionales que se desbordan, llegando a controlar nuestros comportamientos.

De la alegría a la euforia, de la tristeza a la depresión, del miedo al temor, de la ira a la violencia.

Si no estamos presentes, si no nos paramos, ni miramos, ni escuchamos, reaccionamos y no respondemos. Es en este momento cuando la inteligencia emocional juega un papel importante para gestionar la emoción: de qué forma la vivo, cómo la vivo y que hago con ella.

Cuando mantenemos ese sentimiento en el tiempo, se habla de estado de ánimo.

Emoción + Tiempo = Estado de ánimo

A diferencia de las emociones, el estado de ánimo se caracteriza por quedarse instalado en la persona. Puede durar horas, días o puede persistir durante periodos relativamente largos.

Y para finalizar,  algo muy sencillo como el remedio de la abuela:

Antes de dejarte llevar por la “pasión” cuenta hasta diez.

Sirve para todas las áreas de nuestra vida y evitamos el arrepentimiento posterior por no haber pensado o actuado de otra manera.

 

Imagen Saber es práctico

 

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