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Una rutina es una costumbre o hábito que adquirimos cuando repetimos una misma actividad o tarea volviéndose un acto automático en la que no somos conscientes de su realización. Cada mañana, me despierto, me estiro y me dirijo automáticamente a la ducha o después de cada comida siempre me lavo los dientes, son algunos ejemplos de lo que es una rutina.

Al igual que hay rutinas que nos agradan y nos hacen sentir bienestar, hay rutinas que producen todo lo contrario, nos sacan libertad. Esas rutinas nos hacen sentirnos seguras (nuestra zona cómoda) pero a la vez nos limitan y dejamos de emprender nuevos retos y proyectos, dejamos de saborear otras posibilidades. Esas rutinas deberían tener fecha de caducidad.

¿Por qué no hacer que prescriban?

Una de los puntos más importantes en la labor de un coach, es la creencia que cada uno de nosotros tenemos un potencial inmenso y disponemos de los recursos necesarios para cambiar esas rutinas que nos “molestan”, quizá el potencial está algo escondido y los recursos se encuentren en el fondo del armario.
Se trata de ser conscientes, de cambiar el chip y rescatar el potencial y los recursos de ese fondo del armario como la tenacidad, la persistencia, la motivación.

Reconocer y ser consciente de tu rutina va a ser el primer paso ¿Qué rutina te molesta? ¿Qué quieres empezar a cambiar? Un ejemplo podría ser: “cada día después de cenar, me siento en el sofá y mientras veo la televisión como dulces sin parar”. Ábrete a nuevas posibilidades, deja a un lado las quejas y los “pero, es que…” y comprométete a cambiar. Diseña tu nuevo objetivo. Piensa qué pequeño cambio podrías hacer para no caer en esa rutina que te molesta y qué beneficio te aportará el cambio. Quizá dejar de ver la televisión para realizar alguna manualidad o aprovechar ese tiempo para relajarte pueda transformarse en una nueva rutina que te aporte bienestar.

Pasa a la acción, sin acción no hay resultados, practica y persiste, si los resultados que obtienes no son los esperados, cambia tu estrategia y no te olvides pedir apoyo a tu entorno y ayuda si la necesitas de un profesional.

*Este artículo aparece publicado primero en el blog Thiomucase en el que colaboro. Para leer la entrada original: http://www.thiomucase.es/thioblog/2013/09/18/hay-rutinas-y-rutinas/

Saludos.

Fotografía: El sofá amarillo

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