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El otro día leía en el blog marcapropia de Andrés Pérez Ortega (@marcapersonal) un post en el que comentaba su experiencia en los cursos que impartió (antes de la crisis) a gente joven que se incorporaba a una caja de ahorros:
“…Una de las cosas que me comentaban es que estaban sometidos a mucha presión para “colocar” productos financieros a grupos de clientes poco preparados pero que aceptaban su palabra porque confiaban en ellos. Algunos de estos jóvenes profesionales no lo veían bien pero “tenían” que hacerlo para que no les echasen. Otros simplemente estaban encantados porque les permitía ascender rápidamente…”

“…Estoy convencido que muchos de quienes colocaron “preferentes”, hipotecas impagables o simplemente productos financieros infumables a jubilados o gente que confiaba en su palabra sabían que aquello no estaba bien. Pero siguieron haciéndolo para conseguir ese ascenso o simplemente para que no les echasen.

Y ahí es donde entra el “SI, PERO…”. Si, ya sé que no estoy haciendo lo correcto, pero… (tengo que pagar mi hipoteca, voy a tener un hijo, acabo de comprarme un coche…)…”

Justo este tema apareció en una comida familiar en la que nos quejábamos de los bancos, de lo corruptos que son los políticos, comentábamos que eso no se podía consentir, que la culpa la tenían ellos, que las cosas “deberían” cambiar… Y a todo esto apareció la pregunta, ¿qué hacemos nosotros con todo esto? 
Opiniones para todos los gustos, unos comentaban que tocaba “aguantar” y esperar que las cosas cambiaran, otros no sabían, otros opinábamos que si no queríamos que esto sucediera habría que cambiar las cosas y que era algo que empezaba con nosotros mismos.
¿Por qué sigues teniendo la cuenta en ese banco? ¿Por qué siempre votas al mismo partido político y te sigues quejando? y ¿Para qué? Las respuestas fueron sencillas, porque es más fácil, porqué no te vas a salir de lo marcado, porqué escogemos la vía más cómoda, la que en principio creemos que nos traerá menos problemas, la denominada zona de confort, pero que resulta que conlleva más problemas de lo que pensábamos.
Decimos y decimos… pero algunas veces no actuamos en consecuencianuestros principios y valores se desconectan, se pierden entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Nuestros pensamientos, palabras y acciones viajan en trenes diferentes en los que no hay correspondencia alguna con la congruencia y de eso, si somos responsables cada uno de nosotros.

“La culpa te paraliza. Cuando estás constantemente culpando a fuerzas externas por las cosas que te suceden, les estás dando tu control. El Dr. Wayne Dyer dice que eres una víctima cada vez que te encuentras fuera del control de tu vida. Culpar a otros por la forma en que tu vida es, les da el control@NFdeVega

Tratemos de ser congruentes, empecemos por algo pequeño, empecemos a tomar conciencia de una pequeña incongruencia, dediquemos tiempo a reflexionar que es lo que realmente queremos ser y en qué mundo queremos vivir, preguntémonos el cómo y el para qué para tomar decisiones importantes, para pensar, sentir, decir y actuar hacia una misma dirección.

 

Saludos.
Imagen: Lee Scott

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