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Te apuntas al mindfulness… Hay algo que me preocupa. En realidad no es algo, sino un cúmulo de preocupaciones, en mi cabeza le voy dando vueltas y más vueltas a las cosas y acabo cansada y desconcertada…

Muchas veces vivimos en un estado de tensión que nos impide tener claro nuestro pensamiento, desconcentrándonos y dificultando la toma de decisiones, desencadenando ansiedad, contracturas musculares y bloqueos. Para evitarlo, necesitamos parar y calmarnos.

El mindfulness (atención o consciencia plena, meditación) te invita a poner la atención en el aquí y ahora, tratando de reducir el ruido mental que vas produciendo sin darte cuenta y aunque parezca absurdo dedicar nuestro poco tiempo a parar nuestros pensamientos, es algo imprescindible para estar más despiertos, generar más vitalidad, energía y bienestar tanto mental como físicamente.

No es una práctica fácil, es necesario ir generando el hábito y como la mayoría de cosas en esta vida requiere práctica y más práctica.

Algunas ideas para empezar

De momento y para que empieces con la atención plena aquí tienes algunas ideas sencillas que puedes ir practicando en tu vida cotidiana.

En cualquier momento, en el autobús, en el ascensor, en una sala de espera, en el súper, pon atención a tu respiración. La respiración siempre ocurre en el presente así que es un elemento clave para centrarse en el momento. No juzgues tu respiración, sólo obsérvala.

Mientras te lavas los dientes por ejemplo, centra tu atención en el cepillo de dientes, de qué color es, el tacto al cogerlo, el contacto con los dientes, el sabor del dentífrico, la sensación que te deja en la boca… Observa.

Mientras comes elige un par de alimentos, los que más te apetezcan, puede ser una manzana, el pan, etc. Míralo, percibe su olor, nota su superficie, su rugosidad o suavidad, céntrate en las sensaciones que te produce al comértelo, al masticarlo, pon atención a su sabor, percibe como te sienta en el cuerpo…

Si necesitas calmarte en un momento determinado, haz de tres a cinco respiraciones profundas. Inspira mientras llenas de aire tu abdomen, luego tu pecho, expiras el aire, baja primero tu pecho y tu abdomen desciende.

Si te distraes y te encuentras pensando en otras cosas, no pasa nada. Vuelve a centrarte en tu respiración.

Hay mil y una ocasiones para practicar la atención plena diariamente, mientras te duchas, mientras cocinas, mientras te lavas las manos. La cuestión es céntrarse en el momento.

No basta con ver, observa

No basta con tragar, saborea

No basta con dormir, sueña

No basta con pensar, siente

No basta con existir, vive

*Este post ha sido publicado primeramente en el blog Thiomucase en el que colaboro habitualmente

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