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5861625318_1296ffd1bd_oRecuerdo que cuando cursaba mi formación en coaching en algún que otro momento, poniendo en práctica ciertas habilidades se me había escapado el ¡qué difícil! a lo que mi mentor, gran persona y coach respondía con la pregunta de rigor, Difícil… ¿Comparado con qué?

Una de las características que un objetivo bien formulado debe cumplir es que sea concreto, la respuesta a la pregunta nos especificará lo que se compara o con quién se compara despejando dificultades y abriendo posibilidades.

“No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas” Séneca.

Si quieres que tu objetivo se vuelva fácil empieza por especificar y concretar.

 

Tu objetivo ¿Fácil o difícil? | Blog Thiomucase

 

Seguro que en algunas ocasiones has dejado tareas o cosas por hacer para otro momento. Te resultaban “difíciles” o “desagradables” de hacer ¿Qué pasa cuando la pila de tareas crece y crece? Llega el momento en que no tenemos ni idea de cómo y cuándo vamos a lograr hacerlas.

Cuando eliges o decides ir al cine, llevas a cabo un proceso que a simple vista parece fácil, sin esfuerzo, pero si te paras a pensar en los pasos y en la energía que pusiste para ir al cine verás que, elegiste la película, el horario y cómo no el cine, te pusiste de acuerdo quizá con alguien para ir, te desplazaste… Este sería un ejemplo de un objetivo fácil y motivador. Te enfocaste en una tarea, elegiste el cómo y el cuándo querías tener resultados.

 

¿Qué pasa cuando hablamos de objetivos “difíciles”?

Que automáticamente al llamarlos difíciles o desagradables surgen los obstáculos, nos boicoteamos y no logramos nuestro objetivo, aparece la inacción: “No tengo tiempo”, “Ahora no puedo, después lo hago”…  Podrían ser aquellas tareas que nos pueden fastidiar como ordenar papeles, organizar el armario, reservar la visita al dentista… Y nuestro cuerpo obedece. Mente y cuerpo cae en la inactividad y no tenemos la suficiente energía para ponernos en marcha.

 

De lo difícil a lo fácil

• Transfiere el proceso positivo (por ejemplo: ir al cine) que ya conoces para “enfrentarte” a los objetivos “difíciles” de una forma positiva y con energía.

• Cambia tu lenguaje, “lo hago rápido y sin esfuerzo”, “me organizo y lo hago hoy”. Un lenguaje que nos llene de energía nos ayuda a conseguir lo que queremos.

• Dale instrucciones a tu mente y tu cuerpo responderá en la misma medida.

• Dirige tus pensamientos para que trabajen a tu favor. Utilizar un lenguaje positivo y palabras de acción es una de las claves para dejar de postergar.

• Analiza tus frases limitantes cuando quieras lograr un objetivo y cámbialas por unas más positivas y que marquen movimiento.

*Este post fue publicado primero en el blog Thiomucase en el que colaboro habitualmente.

*Imagen: Flickr. Fernando Gilgado

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