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“Viviré este día como si fuese el último día de mi vida. ¿Y qué haré con este último día de valor incalculable que me queda?
Primero, sellaré el contenido de la vida de manera que ni una gota se derrame sobre la arena. No perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer, las derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer, porque ¿por qué debo desperdiciar lo que es bueno en lo malo? ¿Puede la arena deslizarse hacia arriba en el reloj?
¿Saldrá el sol donde se pone y se pondrá donde sale?
No. Tampoco puedo vivir de nuevo los errores del ayer y corregirlos ¿Puedo hacer que retornen las heridas del ayer y sanarlas? ¿Puedo volverme más joven que ayer? ¿Puedo desdecirme del mal que he hablado, anular los golpes que he asestado, el dolor que he provocado? No, el ayer ha quedado sepultado para siempre y no pensaré más en él. Viviré hoy como si fuera el último día de mi existencia”.
Pasaje del libro “El vendedor más grande del mundo” de Og Mandino.
Hoy, en Barcelona, parece que ya llegó el otoño… saludos otoñales.
Imagen: Rula Sibai

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