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En busca de la flexibilidad

En busca de la flexibilidad

En busca de la flexibilidadMiedo a cambiar, a cometer errores, a tomar decisiones, tener ansiedad, frustrarse, preocuparse irracionalmente, tener la razón si o si, demostrar rabia, no tolerar una crítica, demostrar arrogancia o intransigencia…

Entender que no hay verdades absolutas, que no lo sabemos todo, buscar los puntos medios, ponerse en los zapatos del otro, fijarse en las excepciones cuando hay reglas, preguntarse si uno tiene razón, recuperar la humildad, autocriticarse…

La flexibilidad existe porque existe la rigidez.

¿Qué tal vamos de flexibilidad?

 

El otro día recordaba estas palabras de Walter Riso, psicólogo sobre la importancia de la flexibilidad en las diferentes áreas de nuestra vida, en nuestro día a día, tanto física, mental y espiritualmente.

 

Una mente flexible es como la arcilla que puede transformarse, crecer, modificarse, dudar de ella misma. Seguro que has oído alguna vez que el bambú representa la flexibilidad, elegante, fuerte aunque vacío por dentro, no ofrece resistencia al viento sino que se inclina sin llegar a romperse.

 

La flexibilidad define un estilo de vida y nos permite a los seres humanos adaptarnos al entorno. Es esa capacidad para dudar y revisar nuestros pensamientos y creencias, sin llegar a traumatizarnos, cuando la lógica hace evidente que podemos estar equivocadas. Si no desarrollamos esta capacidad nuestra mente se vuelve rígida, intransigente y, cómo no, deja huella en nuestro cuerpo.

 

¿Alguna vez te has emperrado en algo cuando todos los demás decían lo contrario? Y con tus objetivos, ¿Eres flexible?

 

Lo que es importante saber es que podemos adaptarnos y transformar nuestra mente en una mente flexible. Para ello, aquí van unos tips para pasar a la acción:

 

  1. Adopta una actitud inconformista. Eso sí, con causa y con medida. ¿Hasta dónde obedeces las reglas externas? Critica las normas. Fíjate en la excepción que confirma la regla. Cuestiónate si tienes razón o no, evita la intransigencia, pregúntate por tus creencias y pensamientos.
  2. Practica la humildad. Olvidarse de que lo sabemos todo, ser conscientes de nuestros fallos y de nuestras insuficiencias nos hace ser humildes.
  3. Conviértete en una mujer curiosa, explora… Conviértete en aventurera. Escucha música o ve a ver una película diferente, prueba comida diferente que nunca se te habría ocurrido comer ya sea por gusto o costumbre, ordena de otra forma tu mesa de trabajo, mueve muebles…
  4. Cultiva el sentido del humor. Reírnos de nosotras mismas nos libera y nos distancia de nuestro ego. Imagina, ríete y practica la imparcialidad.
  5. Haz lo posible por ponerte en el punto de vista del otro: busca los puntos medios entre opiniones, entiende que no hay verdades absolutas, cambia de perspectiva, ponte en el lugar del otro.

 

Cuando practicamos la flexibilidad obtenemos paz y nos hacemos más resistentes, como el bambú.

¿Practicas la flexibilidad?

 

*Este artículo se publicó primeramente en el blog de Thiomucase en el que colaboro mensualmente

Imagen: flickr

Diagnosticar antes de prescribir

Diagnosticar antes de prescribir

Diagnosticar antes de prescribir | vickimunsEn una ocasión me acerqué a una tienda de telefonía, necesitaba una tarjeta SD con capacidad de 8GB. Llegó mi turno y le pedí a la dependienta lo que quería. Amablemente me habló de las ventajas de comprar una tarjeta de mayor capacidad a lo que le comenté que para el uso que quería darle sólo necesitaba una de ocho.  La dependienta siguió insistiendo…”tendrá más capacidad, por precio vale la pena” etc, etc.
Conocedora de las entrañas del mundo de la telefonía móvil, pensé que probablemente quería conseguir unos objetivos marcados y cobrar su comisión, quizá me equivocaba. Le agradecí su información: “Gracias, de momento sólo necesito una tarjeta de 8GB”, le explique de nuevo mis argumentos y… volvió a empezar. Mi fisiología cambió “Perdona, sólo necesito una tarjeta SD de 8GB para este móvil” y finalmente la dependienta me entregó y facturó la tarjeta de 8GB.

Antes de todo escucha, comprende, diagnostica y luego prescribe.

En otra ocasión tenía que hacer unas compras en una tienda de ropa comercial conocida en la que normalmente no hay necesidad de acudir a una dependienta. Ese día tenía algo de prisa y sabía muy bien que quería, así que me dirigí a una de las dependientas para que me ayudara a encontrar lo que necesitaba. Encontré una dependienta con una agradable sonrisa, activa y atenta que escuchó y se anotó en un papel todos los colores y formas posibles para encontrar en el almacén aquello que necesitaba y en su defecto mostrarme algo que podía encajar con lo que yo le había comentado. Me preguntó si tenía que hacer algunas compras más por la zona, tardaría como mucho diez minutos en hacer la gestión. No pude decir que no. Entré por la tienda, enseguida me vio y me mostró lo que necesitaba. Quedé encantada. Le comenté lo bien que me había tratado y le di las gracias.

 

La diferencia está en “diagnosticar antes de prescribir”, principio incluido en el quinto hábito del libro de Stephen R. Covey “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, uno de los elementos de la comunicación empática, un principio válido para todas las áreas de nuestra vida y una marca para las profesiones en las que las relaciones interpersonales juegan un papel importante y nos da algunos ejemplos, un abogado recoge primero los hechos, las leyes, los antecedentes para preparar la defensa, un ingeniero debe comprender las fuerzas y las tensiones para diseñar un puente. Sucede lo mismo en un proceso de coaching, el coach no prescribe ni juzga, si escucha y pregunta para comprender la situación en la que se encuentra la persona y poder así acompañarla en la consecución de su meta y objetivos.

Para que un vendedor sea efectivo necesita generar confianza, aprendiendo a diagnosticar, a comprender y valorar las necesidades y la situación del cliente para ofrecer el producto que necesita. Sin preguntar, sin interés, sin comprender no es posible generar confianza.

El resultado de escuchar, de estar presente con los cinco sentidos, de ponerse en los zapatos del otro es mayor y mejor que centrarse en uno mismo y sólo tener en mente los objetivos profesionales a conseguir.

El vendedor aficionado vende productos. El vendedor profesional vende soluciones a las necesidades y problemas. Stephen Covey